
En este 20 de julio de 2026, destacamos el centenario del asesinato de Alfredo López Arencibia. Esta fecha no marca solamente el fin violento de un hombre, sino también el fin de una época gloriosa para el movimiento obrero cubano.
Figura de una rara coherencia, López fue el catalizador de una transformación del mundo obrero cubano donde fue capaz de unir la ética libertaria, fundada en la autonomía y la acción directa, a las luchas sindicales organizadas, cambiando así para siempre las dinámicas sociales de la isla.
A principios de los años veinte, el movimiento obrero cubano estaba fragmentado en sociedades de socorro mutuo y en banderas corporativas aisladas. López trabajó para reagrupar estas organizaciones obreras. Si fue el arquitecto de la Federación Obrera de La Habana (FOH) (1921), su obra mayor fue la fundación de la Confederación Nacional Obrera de Cuba (CNOC) en 1925.
La ascensión de Gerardo Machado al poder, el « pequeño Mussolini » de las Antillas, crea paralelamente en la misma época, un clima de terror que tiene por objetivo socavar toda forma de disidencia organizada. López, con su capacidad para movilizar las masas habaneras, se convirtió en el blanco principal.
Su asesinato entre los muros del Castillo de Atarés en julio de 1926 fue un gesto de violencia política, social y simbólica. El régimen no quería solamente eliminar a un líder, quería aniquilar el símbolo de la movilización y de la organización obrera que amenazaba el poder machadista. Es por eso que su cadáver fue ocultado durante varios años después de su muerte.
La búsqueda de su depósito mortal por sus compañeros contribuyó a cristalizar el mito de un organizador de la clase obrera que, incluso muerto, continuaba siendo la voz de los sin voz.
Una memoria domesticada
La figura de Alfredo López Arencibia es uno de los ejemplos más emblemáticos de la reescritura de la historia que ha caracterizado el proceso de legitimación ideológica del régimen castrista y del marxismo cubano después de 1959.
Bajo el control del PCC y del marxismo cubano, López es un mito domesticado, el emblema silencioso de un sindicalismo sometido a las directivas del poder político, un revolucionario al que se le han retirado todas las referencias al anarquismo para hacerlo asimilable al dogma de Estado, un « héroe de la patria », un precursor de la unidad proletaria*.
Este es el discurso que se repite en los manuales escolares y en los congresos de la Central de Trabajadores de Cuba (CTC), central sindical única, esta correa del poder que encarna exactamente lo contrario de lo que López proponía.
No podría ser de otra manera, pues reconocer la verdad sobre López significaría dar legitimidad a una alternativa socialista no autoritaria y anti-centralista. Esto socavaría la estabilidad de un régimen fundado en el monopolio del poder político y sindical por un partido único.
Esta censura de la memoria obviamente no podrá impedir que los cubanos y las cubanas conozcan su propia historia. Tal como varios colectivos independientes lo hacen, los activistas libertarios del Taller Libertario Alfredo López intentan desde hace años dar a conocer la verdadera identidad política de esta figura mayor del anarcosindicalismo cubano. Esto fue lo que hicieron, además, durante la inauguración de un busto conmemorativo a la efigie de Alfredo López en Sagua la Grande, en la provincia de Villa Clara, y ello delante de los bonzos del partido.

Coordinación de solidaridad
Este artículo es consecuencia de nuestro llamado ‘’Hacia una coordinación de solidaridad con Cuba libertaria’’ lanzado la semana pasada. Reafirmamos así por la presente nuestra voluntad de dar a conocer la historia del movimiento obrero anarquista cubano.
Por lo demás, desde la difusión de nuestro llamado, hemos sido acusados por algunas personas de jugar el juego del imperialismo americano. Recordemos que el anarquismo y el anarcosindicalismo tienen una posición anti-imperialista clara, cuyos varios autores ya han resumido lo esencial de las ideas y de la historia (Sam Dolgoff, Lucien van der Walt, etc)** .
Resumamos diciendo que la lucha anti-imperialista no debe ir acompañada de la formación de un Estado, por muy descolonizado que sea, y que es imposible decirse anarquista y estar al mismo tiempo a favor del embargo y de la injerencia política imperialista estadounidense sobre Cuba. Nuestra visión política implica continuar desarrollando los aspectos revolucionarios inicialmente propuestos por el movimiento obrero anarcosindicalista antes del sabotaje del partido comunista cubano.
Constatamos que, en la mayoría de las sociedades actuales, las perspectivas anarquistas son ignoradas, puestas a un lado, desacreditadas, lo que explica por qué los debates se resumen a menudo en una falsa dicotomía campista: o se es reaccionario imperialista, o se es solidario con el régimen comunista cubano. ¡No olvidemos que las revoluciones las hacen los obreros, las obreras, no los partidos; y que una revolución social sigue siendo necesaria en Cuba, ¡como en otros lugares!
–NOTAS
*Para los estalinistas cubanos, López puede ser efectivamente una figura simpática cuando se considera que por el deseo de unir la clase obrera, les permitió ocupar un lugar en la CNOC… dándoles así la oportunidad de infiltrar la organización.
** referencias
Towards a history of anarchist anti-imperialism – Lucien van der Walt
Third World Nationalism And The State – Sam Dolgoff
African anarchism – Sam Mbah and I.E. Igariwey, See Sharp Press
Laisser un commentaire